Mané Castro Videla - Mujer Poeta y Artista Plástica Argentina - Española

domingo, 22 de abril de 2012

Imperdibl ... Uso y abuso de la democracia - Arturo González

Como saben, he sido y aún sigo siendo firme defensor de la Constitución y de la teoría y práctica que contempla a España como una democracia. Pero está empezando a cuartearse mi voluntad. Porque no hay nada peor que una dictadura encubierta en las formas de la democracia:
Controlar y condicionar exhaustivamente y a capricho los medios de comunicación no es muy democrático.
Convertir el Parlamento en un inútil combate tampoco lo es.
Endurecer las actuaciones policiales y sus coberturas legales hasta que los ciudadanos sientan temor ante cualquier expresión de libertad colectiva o individual deja mucho que desear en una buena y justa organización de un sistema político.
Que los principales partidos políticos babeen con las aventuras del Jefe del Estado dista mucho del vigor democrático exigible. Y que se mantenga a ultranza la duda de si la institución monárquica es la deseada por el pueblo y no contrastarlo en consulta sienta la base para el descontento de las nuevas generaciones y una parte importante de la actual.
Recortar las posibilidades de buena salud de la gente es innoble y mercantil, y negar atención sanitaria a inmigrantes ilegales convierte en repulsivos a los políticos que toman tal decisión, aparte de la monstruosidad ética, conceptual y repelente al desconocer que ningún ser humano es ilegal, tenga o no tenga papeles.
Cerdear con la economía en la educación es infamia y muestra el valor y aprecio que estos individuos, incluso despidiendo a miles de maestros, conceden a lo que debería ser lo más sagrado de toda actuación política. Que además anticipa el nulo deseo de alcanzar acuerdo en lo ideológico, verdadera clave de la ejemplaridad democrática de un país.
Cebarse en los económicamente débiles y proteger a los poderosos es simplemente de canallas, con la vergüenza nacional añadida de amnistiar fiscal y penalmente a los grandes defraudadores. Y reducir los derechos laborales hasta el esperpento social y capitalista es establecer la discordia de clases, por mucha apatía y resignación obligada que aún muestren los afectados, que algún día resucitarán.
Culpar de todo al anterior y ocultar la catástrofe de tus gobernantes autonómicos es un acto miserable y una coartada repugnante, de no muy largo alcance, pues algún día tendrán que asumir su propia responsabilidad.
Someterse en todos los aspectos a la Iglesia católica y a sus Congregaciones más poderosas es humillante para España, nefasto para sus finanzas, y la aleja de los países importantes.
Gobernar sin luchar contra la corrupción de su partido y aledaños es altamente sospechoso.
Cercenar la cultura es escuetamente de bestias.
Recortar y no aumentar la inversión en ciencia te hunde definitivamente en el pozo del atraso.
Empobrecer sin límites a un país es de ineptos.
Es muy duro ser demócrata en estas condiciones. Aunque todavía no se haya articulado un sistema mejor, pero creer que se está en posesión de la verdad y no dialogarlo ni discutirlo con nadie te convierte en abusador de aquello para lo que los ciudadanos le han autorizado, el falso cheque en blanco de cuatro años de duración, y utilizar el Boletín Oficial del Estado como ametralladora contra el pueblo, te convierte en dictador. Tantas cosas malas y ni una sola buena. El PP y el Gobierno han convertido España en una fábrica de antidemócratas.

-Arturo González-
Columnista en Público.es
Fuente: Público.es