Mané Castro Videla - Mujer Poeta y Artista Plástica Argentina - Española

domingo, 22 de noviembre de 2015

EL GALLO DE SÓCRATES de Clarín




Apenas muerto Sócrates, su discípulo Critón cree que debe cumplir su última voluntad sacrificando un gallo al dios Asclepios o Esculapio. Encuentra un gallo en la calle, que huía de casa de su enemigo dialéctico, el sofista Georgias. Critón no perdona al gallo ni porque este sabe hablar y expone razones que interpretan las últimas palabras de Sócrates como ironía. El sacrificio será inutil con el gallo sometido pues ni Critón ni Sócrates creían en Esculapio:  
Narra como Critón, discípulo de este filósofo, toma al pie de la letra las últimas palabras de Sócrates de dedicar un gallo a Esculapio, dios de la medicina. 
Este filósofo al cerrar los ojos de su maestro saldrá a la calle a buscar un gallo, lo encuentra y lo persigue y lo mata a pesar que el ave tenía el don de la palabra.

El gallo era del corral de  Gorgias, el sofista y sabía razonar y paliar los presupuestos filosóficos de Critón. A pesar de las acertadas razones del gallo, de no cumplir con ese sacrificio porque Socrátes no creía en los dioses; Critón lo derriba de una pedrada en la cresta. El gallo antes de perder el sentido reconoce que los imbéciles le han ganado su derecho a la vida. Este cuento lleva a la ficción la hipocresía de rituales a los que el hombre no se adhiere plenamente.
El gallo retórico: El gallo aprendió a hablar en casa de Gorgias, al oír las tertulias entre filósofos, conoció de la fama y reputación de Sócrates a quien toma por sabio y santo de la filosofía. El gallo expone la razón de que un sacrificio cruento no debecontentar a un dios, menos aún a las personas que quieren realizarlo superficialmente, por simular misticismo y un culto con el que no son consecuentes. Es como la inutilidad de los sacrificios de animales en fiestas al sol, como el Inti Raymi.
El gallo expone a Critón que si su filosofía se ha distanciado de los cultos piadosos no debe reproducirlos vanamente, porque lo que vale es la convicción. El gallo es más agudo que Critón pues intuye que este encargo fue un último chiste de Sócrates, antes de morir. Sin embargo, Critón empecinado busca hacer al gallo merecedor de la muerte imputándole cargos de sofista por ser propiedad de Gorgias, y de impío por posarse en la cabeza de la estatua de Palas Atenea.
El gallo hace ver a Critón que es un discípulo indigno de Sócrates, porque busca estar a su sombra sin tener méritos intelectuales comparables a los de su maestro, además descubre que ellos tergiversan su doctrina porque quieren aplicarla veleidosamente, cuando quieren son piadosos y cuando no, no creen en ningún dios del culto oficial griego. También le dice que si Sócrates hubiese creído en Esculapio, no hubiera sido condenado a beber cicuta y que para colmo no mataría ni una mosca.
La inutilidad de sacrificar: Para el elocuente gallo no hay beneficio en derramar sangre para contentar a un dios, y peor aún sería insultar a las divinidades sacrificar una víctima sin creer en ellas. Critón acusa de impío al gallo por no querer dejarse sacrificar, pero él es el impío al manchar la frente de la estatua de Atenea con la sangre del gallo. Muchos animales se hacen símbolo del contento de los dioses, los cerdos en Nueva Guinea, las llamas en Perú, y diferentes por cada etnia que mantenga ese rito.
Si un dios es reflejo del bien, de la perfección y de lo piadoso, entonces no necesita satisfacerse en la crueldad contra seres indefensos, pues sería lo contrario al ethos de la divinidad. El sacrificio de la víctima no limpia la conciencia del verdugo, ni de quien dispone con su dinero que otro haga el sacrificio. La consecuencia con la ética y el recto obrar es lo que hace a un hombre piadoso si sigue sus creencias y honesto sea cual fuere su credo o no lo tenga.
El gallo cae indefenso ante la fanática rabia de Critón, sabe que ha perdido y solo puede insultarlo antes de desmayarse. Ha advertido que la fe que proclama Critón es falsa y fugaz, que sólo quiere quedar como el más abnegado discípulo de Sócrates para colgarsede su fama y enseñanzas. Como todos los sacrificios sangrientos del pasado y los que aún sobreviven; lo único que muestran es el sufrimiento y dolorosa agonía de un animal indefenso, en lugar de redimirse los oferentes por la virtud.
La hipocresía: No hay peor inconsistencia que la hipocresía; Critón quiere ser volublemente piadoso por su apresurada interpretación de las últimas palabras de Sócrates. Cree que el tiene todas las ideas de las cosas, y que el gallo atenta contra el deber ser de su especie al no querer ser sacrificado. Matar al gallo, aun siendo piadoso es una hipocresía porque el sacrificio se transfiere a otro ser, no hay una obra que redima al sacrificador por sus propios méritos.
No se puede hacer el bien dañando a otra criatura, es una falacia. Sócrates quizá no era completamente ateo, parece que creía en la idea del primer motor de las cosas y más aún en la idea del bien, a la que deberían subordinarse las restantes entidades del cosmos. Lo de Asclepios fue por pensar en que se libraba de las calumnias de la gente que lo condenaba y malinterpretaba, con su muerte superaba la inquina de sus acusadores y potenciaba su leyenda y credibilidad.
La sangre del inocente mancha el culto, como lo ilustra la sangre sobre la estatua, los tiempos de los sacrificios de víctimas son formativos de la humanidad, sería deseable que en los pueblos que perpetúan estas muertes de animales, cambiaran a ofrecer vegetales, los que podrían quemar para ofrecer a sus dioses. El culto no puede ser espontáneo, debe ser algo perenne para encaminarse en la virtud de su doctrina. Critón para ser sincero y veraz no debía dividirse en dos doctrinas.

Conclusión: Critón se desespera por mostrarse como el discípulo predilecto de Sócrates, al consentir su última voluntad. Este alumno no descubre la ironía de su maestro, que se siente curado de la calumnia en la muerte a que es condenado, pero no se refería a escoger un gallo para matar en honor a un dios en que no cree. Critón verá al gallo culpable de varias cosas para justificar su captura violenta y su muerte. El sacrificio será inútil, pues la conciencia de Critón no sigue a Asclepios.

Gonzalo Valdivia Dávila

ALAS, LEOPOLDO (Zamora, 1852-Oviedo, 1901). Conocido por el seudónimo de «Clarín», forma con Pérez Galdós la pareja de grandes novelistas españoles del siglo XIX.