Mané Castro Videla - Mujer Poeta y Artista Plástica Argentina - Española

viernes, 24 de agosto de 2012

EL SÍNDROME HUBRIS.

Creerse invencibles y ver enemigos en todas partes es común entre los gobernantes. Las presiones y la responsabilidad del poder termina afectando, intoxica tanto que termina afectando al juicio del político.
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El psiquiatra jefe de Servicio del Complejo Asistencial de Zamora, lo explica:
Fase 1. Una persona normal se mete en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Tiene un principio de duda sobre su capacidad, pero surge una legión de incondicionales que le felicitan y empieza a pensar que está ahí por méritos propios; recibe halagos de belleza, inteligencia? y hasta liga.
2. No le dicen que bien lo hace, sino que menos mal que esta allí para solucionarlo y, entonces, entra en la idea megalomaniaca, se cree infalible e insustituible; comienzan a realizar
planes estratégicos para 20 años, obras faraónicas...
Fase 3. Empiezan a padecer el llamado desarrollo paranoide; todo el que se opone a él o a sus ideas son enemigos personales, llega a sospechar de todo el que le haga una mínima crítica y a aislarse de la sociedad. Y, así, hasta el cese o pérdida
de las elecciones, donde viene el batacazo y se desarrolla un cuadro depresivo ante una situación que no comprende.
El poder no está en manos del más capaz, pero quien lo ostenta cree que sí y
empieza a comportarse de forma narcisista. El hecho de que este síndrome sea tan común en política se debe a que en otros ámbitos es más frecuente que el que esté arriba sea el más capaz, pero en política no es así, porque los ascensos van más ligados a fidelidades.
Como castigo al Hubris está la Nemesis, que devuelve a la persona a la realidad a través de un fracaso.