Mané Castro Videla - Mujer Poeta y Artista Plástica Argentina - Española

lunes, 11 de enero de 2016

Paranoia y populismo, vidas paralelas



¿Cómo es un paranoico? Es alguien que no conoce la duda y asume sus convicciones como certezas. Necesita sospechar de otro. Sospecha de ese otro, lo envidia y en última instancia lo odia.  No es consciente de que su equilibrio psíquico es frágil e intenta subsanar la falla proyectando las responsabilidades en un chivo expiatorio. Marca un enemigo y le quita todo atributo humano. Lo cosifica. Lo demoniza. Sus procesos mentales son rígidos y su identidad depende por completo del exterior. El pensamiento paranoico es, al mismo tiempo, lógico e imposible, coherente y contradictorio, humano e inhumano. Es una máscara que encubre inseguridad. Como dijo Nietzsche: "No es la duda lo que vuelve locos a los hombres sino la certeza".

Las formas individuales de paranoia delirante son muy raras. Su frecuencia es inferior al 0,1%. En cambio, las modalidades colectivas son históricamente frecuentes: genocidios, progroms, guerras, cazas de brujas, xenofobia.


Muchos tenemos un potencial persecutorio. En determinadas circunstancias ese potencial se activa en una cantidad de individuos tal que genera una corriente paranoica. Un desborde que suele tomar direcciones imprevisibles. Un fenómeno parecido a la violencia en el fútbol. Una persona común, pacífica, se transforma camuflada en la violencia de las diversas barras bravas.

Les toca a los sociólogos y politólogos explicarnos por qué se enciende la chispa. Se me ocurre que hay una "movida de piso" que concierne a casi todos, una pérdida de los valores. Para la Alemania prehitlerista, la derrota en la Primera Guerra Mundial, vivida como humillación, que se sumó a la penuria económica y al avance del marxismo en la clase obrera. Cómo ejemplos en nuestro país: el terrorismo de Estado, las hiperinflaciones, el cataclismo social de 2001.


El populismo tiene muchas características. Una de ellas es la proyección, ese poner todo lo malo afuera, en otro, lo que implica un repudio de la interioridad, una incapacidad de autocrítica. Sus formas agresivas e intolerantes no constituyen sólo un rechazo de la complejidad, sino un rechazo de la complejidad interior. Obviamente el sujeto se empobrece. Cada vez es menos sujeto. El populismo es un proceso por medio del cual un grupo renuncia a su responsabilidad y proyecta toda su culpa en un "enemigo". Induce a las mayores insensateces.

Las actitudes paranoicas a veces son admiradas e imitadas. El líder paranoico les da una razón de ser a personas que no la tienen o la han perdido. Personas inermes, desamparadas. La activación de la desconfianza desemboca en la paranoia colectiva y posibilita tanto la expulsión del mal como cierto restablecimiento del equilibrio interno de la comunidad. Con esta prótesis, el individuo ya no se siente en un tembladeral.


La paranoia tiene una relación particular con la historia colectiva. Es causa y consecuencia de hechos masivos y es capaz de cambiar y transformar la historia. El paranoico sufre y sufren sus allegados. Pero la paranoia colectiva ha exterminado muchísimas personas, incluso más que muchas catástrofes climáticas y epidemias.

El "razonamiento" paranoico gira sobre sí mismo. Machaca sobre sus certezas. Por cierto, hay una desconfianza oculta en cada uno de nosotros. El éxito de la corriente paranoica es una invitación a que lo oculto salga a la superficie. Alguien se aprovechará de eso, porque el que reparte esta droga no siempre la consume. En la paranoia colectiva el ciudadano queda dominado por una única idea. Desde esa idea fija, está convencido de haber comprendido lo esencial.

Pero la certeza tiene las patas cortas. Las incertidumbres lo asaltan a cada rato. Entonces son proyectadas sobre alguien persecutorio. Esta proyección se ve favorecida por ciertos medios de comunicación masiva que, en vez de promover la reflexión y la autocrítica, echan leña al fuego. Se sabe que el infantilismo y la victimización son dos modos de la irresponsabilidad. El infantilismo combina una exigencia de seguridad con una avidez sin límites, evitando cualquier obligación. No renuncia a nada. Y la autovictimización es esa tendencia a concebirse como damnificado.

La interpretación paranoica procede por acumulación: activa la autorreferencia, que se retroalimenta. Va perdiendo los sentimientos, mientras se refina hasta construir un sistema racionalmente plausible, que tiene en su centro un complot organizado en su contra por una coalición creciente de enemigos.

La comunicación de los acontecimientos colectivos siempre implica una responsabilidad, tanto si se trata de difundir los contemporáneos como de evocar los pasados (con los libros de historia, pero también con monumentos y museos). ¿Cómo se puede contrarrestar el populismo? Promoviendo, al comunicar los hechos (presentes y pasados), la reflexión sobre las propias responsabilidades.

Con la paranoia poco pueden la lógica, la razón, el buen sentido. Los argumentos que utiliza constituyen pasos lógicos: se basan en una premisa errónea que tiene la fuerza de una revelación y que, por lo tanto, no es discutible. La educación no corrige al paranoico irreductible, pero puede ayudar a que en el ciudadano medio no prevalezca el temple paranoico.

Luis Hornstein Psicoanalista, presidente de la Fundación de Estudios en Psicoanálisis