Mané Castro Videla - Mujer Poeta y Artista Plástica Argentina - Española

lunes, 27 de febrero de 2012

Frase

Se enamora con acciones, se besa con sentimiento, se abraza con cariño, se piensa con el corazón y se ama con el alma
Anónimo

Mujeres que aman demasiado

Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado.
Cuando la mayoría de nuestras conversaciones con amigas íntimas son acerca de él, de sus problemas, sus ideas, sus sentimientos, y cuando casi todas nuestras frases comienzan con "él...", estamos amando demasiado.
Cuando disculpamos su mal humor, su mal carácter, su indiferencia o sus desaires como problemas debidos a una niñez infeliz y tratamos de convertirnos en su terapeuta, estamos amando demasiado.
Cuando leemos un libro de autoayuda y subrayamos todos los pasajes que lo ayudarían a él, estamos amando demasiado.
Cuando no nos gustan muchas de sus conductas, valores y características básicas, pero las soportamos con la idea de que, si tan sólo fuéramos lo suficientemente atractivas y cariñosas, él querría cambiar por nosotras, estamos amando demasiado.
Cuando nuestra relación perjudica nuestro bienestar emocional e incluso, quizá, nuestra salud e integridad físicas, sin duda estamos amando demasiado.
 Libro Mujeres que aman demasiado
 

sábado, 25 de febrero de 2012

Por qué algunas mujeres se quedan con el golpeador

Frente a la pregunta de por qué algunas mujeres se quedan con quien las golpea, se mantiene la interpretación -un clásico de la década del 60- que hablaba del masoquismo femenino. 
La incompleta lectura de los textos freudianos adjudica masoquismo a las mujeres en esta situación porque difícilmente se haya dialogado con una mujer golpeada. 
Se carece así de opciones técnicas para plantear un diagnóstico diferencial que permita evaluar situaciones y características de personalidad. Quizás alguna mujer golpeada pueda transitar un borde masoquista, pero precisamos un estudio previo.

¿Que nos dicen las mujeres golpeadas? "No puedo irme de casa porque ¿de qué voy a vivir?" Ella tiene cuatro o cinco hijos habidos con el golpeador. O hijos de otro hombre y que crecen económicamente sostenidos por aquel. 

A veces tiene solamente un hijo, pero soñando en huir de la violencia sólo se le ocurre pensar en un trabajo como empleada doméstica donde difícilmente la asuman con su hijo.

Este no es el menor de los puntos de inflexión que el género mujer atraviesa en su historia: la insuficiente educación que recibió en cuanto a sus posibilidades laborales.


La otra respuesta -"Me quedo con él porque me protege"- constituye un paradigma del patriarcado. Es semejante, por no decir idéntica, a la que escuchamos en boca de las mujeres rescatadas de esclavitud en la trata de personas, refiriéndose al rufián que la explota.


Este punto demanda instalar un recorte técnico para analizar el fenómeno del sometimiento y de la subordinación del género mujer propiciado por los poderes dominantes que impregnan las prácticas sociales. La eficacia del sometimiento se transparenta en la convicción que padece un universo de mujeres que imaginariamente cuenta con la protección del varón. Así como sucedía en tiempos feudales cuando el señor -artífice del patriarcado- protegía su propiedad, es decir, a "sus mujeres": esposa, amante, hijas, servidoras, campesinas de su feudo, las hijas de esas campesinas y las hembras paridoras de sus rebaños. Todas ellas formaban parte de su capital. La tradición cultural que responde a los poderes dominantes transfirió esa idea durante siglos.


Más allá de la real protección que necesita un ser humano en determinadas circunstancias, protección que puede ser protagonizada por un varón -no por ser varón sino porque está socialmente posicionado para disponer de poder y puede ser confiable en tanto sea una persona humanamente sensible- se creó el hábito de esperar respuesta protectora masculina.


La eficacia de esta ilusión -esperanza contra la desesperanza cotidiana- acompaña como intento de consuelo, negador de la realidad, ocultando la certeza de la inexistente protección. Mecanismo que podemos analizar a medida que se las escucha -cuando retiran las denuncias que se ha logrado implantar- y que se asemeja a la otra frase histórica: "Me pega porque me quiere".


Al mismo tiempo, en ambas expresiones ellas pretenden construir una imagen de sí mismas sostenidas por la autoestima de alguien que "se siente" merecedora de protección y de amor. Las historias de estas vidas dejan al descubierto que merecer ser amadas, acompañadas y protegidas no fue una parte de sus historias de vida. Esperan por parte del varón que las acompaña aquello que no tuvieron cuando su niñez y su adolescencia lo demandaban.


Simplificaría peligrosamente el análisis del tema si lo cerrara con la interpretación de esta respuesta a partir de la historia de sus infancias. 

La impregnación cultural que muestra al varón como sujeto poderoso y protector por definición, como algo esperable y propio de la cultura, constituye un riesgo acerca del cual poco se habla. 
El estupor, que inicialmente acompaña al sometimiento de las mujeres golpeadas, cuando Él, con mayúscula, avanza sobre ella ejerciendo su fuerza física, es el sentimiento propio de aquello que no se esperaba. Hasta que el sometimiento gana la partida y ella ya no se atreve más que a llorar y a solicitar "basta por favor".

Interesa tomar en cuenta el asombro y estupor porque no estaba advertida acerca de lo que un varón puede llegar a hacer. Tampoco le habían enseñado quién es ella como persona con derecho a la dignidad. Entonces carece de posibilidad para pensar acerca de él como posible sujeto violento y de ella como persona con derechos.


La violencia contra las mujeres en el ámbito familiar o/y doméstico no es ajena a los estímulos con los que diariamente alimentamos la ilusión de un varón protector mediante discursos convencionales. Discursos e imágenes que escamotean el poder que les asignamos omitiendo reconocer que otorgarles, solicitarles, exigirles y esperar que sean protectores significa actualizar en ellos la convicción de su poder. Ya sabemos cómo lo utilizan los golpeadores.


Otras veces, muchas mujeres responden que "Estar en la vida sin un varón es muy difícil". Empecemos por esta convicción transmitida durante centurias. Tener un compañero y contar con un protector son dos ámbitos distintos.


Lo saben muy bien las mujeres protectoras de sus compañeros. 

Y las que se han habituado a defender sus derechos sin contar con la presencia de un varón, aunque puedan amar a alguno.

Diario Clarín - Opinión
Marzo del 2010

jueves, 23 de febrero de 2012

Destellos de ternura

 
 
MI CORAZON SEGUIRA
(Tema de amor de Titanic)

Cada noche, en mis sueños,
Te veo, te siento.
De esa manera sé que sigues.
Lejos, más allá de la distancia
Y espacio entre nosotros,
Has venido para mostrar que sigues.

Cerca, lejos, dondequiera que estés,
Creo que tu corazón aún sigue.
Una vez más, abriste la puerta
Y estás aquí, en mi corazón.
Y mi corazón seguirá y seguirá.

El amor puede tocarnos una vez,
Y durar toda una vida.
Y nunca cesar hasta que ya no estemos.
El amor era cuando te amaba,
Una verdadera oportunidad para guardar.
En mi vida, siempre seguiremos.

Cerca, lejos, dondequiera que estés,
Creo que tu corazón aún sigue.
Una vez más, abriste la puerta
Y estás aquí, en mi corazón.
Y mi corazón seguirá y seguirá.

Estás aquí, no hay nada que temer.
Y sé que mi corazón seguirá.
Permaneceremos así para siempre.
Estás seguro en mi corazón.
Y mi corazón seguirá y seguirá.
 

No es
ternura el fuego de una pasión, sino la suavidad de una caricia… 
 No es
ternura lo que se da, sino lo que se refleja y se deja traslucir. 
 No es
ternura el fuego que abraza, sino el leño que se consume 
 

Destellos de ternura para ti! Mané